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Juan Carlos Del Missier
DEPORTES
Jueves 01 de Noviembre de 2018 18:02 hs
Boca – River, la final que todos quieren jugar y no perder, en el historial están 6 a 3
COPA LIBERTADORES
Es el partido que todos quieren jugar y nadie quiere perder. Por primera vez en la historia definirán un torneo internacional. Y no se sabe si alguna vez habrá revancha. Los de La Boca buscarán su séptima copa Libertadores y los de Núñez van por la cuarta, pero esta es inigualable. 
Boca o River. Al fin va a jugarse ese partido que rozó en el imaginario de cualquier futbolero, con la secreta esperanza de que alguna vez se produjera. Un River-Boca de verdad, una final-final, nada de amistoso, de partido de verano. Ni siquiera un Superclásico de campeonato. Una final de Libertadores que empalidece aquella definición del Nacional de 1976 y la reciente de la Supercopa Argentina en Mendoza. Los únicos antecedentes. Minucias. Esto es una final de Copa Libertadores, último destino de las Cruzadas, pie en tierra del continente descubierto, el cielo acariciado con las manos. O el horror de la derrota.

La final de ida será el próximo miércoles, en la Bombonera. La revancha está prevista para el 28, pero se adelantaría al 21 porque Buenos Aires acogerá la reunión del G20 y la ciudad estará sitiada por las fuerzas de seguridad. ¿Donald Trump despertará más atención que el Pity Martínez o Wanchope Abila?

Salvo una catástrofe individual, todos y cada uno de los que integran hoy los planteles de Boca y River continuarán con sus vidas como si no hubiese pasado nada. Es cierto que, tarde a temprano, no faltará quien les recuerde que en noviembre del 2018 estuvieron en la definición de la Copa Libertadores. Pero para ellos, los protagonistas, profesionales y trabajadores del fútbol, será apenas un recuerdo más. Ni de vida ni de muerte. Una final especial, sí. Pero apenas eso.

Ojo, que Boca y River definan el torneo que hoy todos quieren no es menor. Pero la real importancia se la dan los hinchas, la gente, los que de verdad tienen tanto para ganar como para perder. Los de River sienten que es la oportunidad de borrar esa "mancha" que fue irse a la B (aunque los de Boca digan que no se borra nunca más). Los del Xeneize creen que es la chance de liquidar cualquier tipo de discusión.

Una muestra de lo que ya genera esta definición se vivió en el 2004. Y si bien se trató de un cruce de semifinales (lo que bien podría haber sido un atenuante), el país se paralizó. Aquella noche en un Monumental lleno de hinchas de River y un puñado de infiltrados de Boca, con la "gallinita" de Tevez y la definición por penales a favor del equipo que dirigía Carlos Bianchi, fue bandera y gaste durante años.
Un Boca-River en la final de la Copa es difícil de superar en expectativa. Es el partido que todos quieren jugar y también el que nadie quiere perder. Pero no sólo dentro del campo de juego. La parada más grande será afuera: en las tribunas, en la calle, los colegios, los bares, en cada oficina, en la mismísima Casa Rosada, desde donde Mauricio Macri había admitido que prefería no tener que vivir lo que va a vivir. Ahí no habrá retorno.

Barros Schelotto y Gallardo van a protagonizar un encuentro único, pero ninguno va a perder un gramo de la gloria que ya ganaron. El hincha común, en cambio, ya empezó a jugarlo, a sufrirlo, a vivirlo.

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