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Jueves 04 de Noviembre de 2021 09:36 hs
La antigua Unidad Penal Nº1 ya no tiene presos
En casi una docena de traslados, se llevaron a más de 599 detenidos a la flamante Unidad Carcelaria Nº 1, en Laguna Brava. Queda la vieja estructura como mudo testigo de grandes y trágicos motines, esperando su destino final.
DIARIO ÉPOCA - Parecía lejana la idea, pero finalmente ocurrió. En poco más de dos meses y algunos días, se concretó el dispositivo de traslado de todos los más de 599 detenidos en los 12 pabellones de la vetusta Unidad Penitenciaria Nº 1, ubicada por avenida 3 de Abril 57, al costado del puente interprovincial "General Manuel Belgrano". Atrás quedaron, 132 años de historias durísimas, de legendarios maleantes, aunque en las últimas dos décadas estuvo signada por las más sangrientas refriegas entre detenidos; motines violentos y choques entre la población penal y las fuerzas de élite del SPP y la Policía, que terminaron en asesinatos que hasta hoy siguen sin ser resueltos.

La fecha límite era el 3 de noviembre, así lo confirmó a este medio el ministro de Seguridad Juan José López Desimoni. Ahora, el viejo edificio, inaugurado en 1888, quedó sólo con una guardia preventiva mínima, a la espera en los próximos días de una inspección general, pabellón por pabellón, de parte de los grupos especiales y la posterior recorrida del Gobernador; de quien se espera, anuncie de un momento a otro, cuál será el fin de aquel enorme predio de dos hectáreas en uno de los sectores más codiciados de la capital correntina.

El 25 de agosto comenzaron los operativos de traslados. Uno a uno, los 12 pabellones que conformaban la vieja edificación iban siendo desalojados y, sus detenidos, trasladados en colectivos y celulares pertenecientes al Servicio Penitenciario Provincial, en el marco de un enorme despliegue de fuerzas especiales, no sólo de los propios guardiacárceles, sino también con la colaboración de motos y patrullas de la Policía. Alrededor de 12 operativos hasta el día de ayer. Todos en horario diurno, a media mañana y ante la vista de los capitalinos, que veían surcar la avenida 3 de Abril de lado a lado, las extensas columnas de patrullas y su incesante ulular de sirenas. Todo un espectáculo, que pocos entendían.

Pero la vieja cárcel siempre tuvo historia. La que se escribió durante muchísimos años con sangre muros adentro. La de rencillas, desacuerdos, territorialidad, manejo de poder, choque de bandas o simplemente por la corrompida estructura de mandos. De los dos lados del escritorio. Sobre todo en las últimas dos décadas. La gota que rebalsó el vaso y que aceleró todo fue el último choque ocurrido el 21 de abril de 2020, cuando tras un confuso choque entre penitenciarios y presos, por un "picadito" de fútbol, se inició una violenta refriega en la que perdió la vida José María "Kevin" Candia de 22 años. Tres plomos en su cuerpo, determinaron que no fue una pelea de presos, sino un homicidio que hasta hoy sigue sin ser resuelto.

Pero allí también se vivieron otros choques. Los de los "jefes entre rejas". Viejos hampones que purgaban perpetuas por delitos pesados y a quienes, matar dentro del penal sólo elevaba su estatus. Así fue que el 19 de marzo de 2007, se produjo una de las masacres más horribles, cuando tras un forzado motín, se creó la distracción perfecta para ponerle fin de la forma más perversa y sangrienta a tres presos; Samuel Antonio Céspedes, José Oscar "Huevo Frito" Ramírez y Ramón María "Arnold" Centurión. Días antes habían cometido un "error trágico" entre muros. La traición. Y en los códigos tumberos, eso era motivo suficiente para que el precio puesto fuera sus vidas. Y así fue. Apuñalados, baleados y decapitados en sus propias celdas, sin posibilidad de resguardarse. Así los asesinaron y por ello, sólo un preso de la veintena que actuó en ese ataque, fue condenado a prisión perpetua.
Informes negativos

Inicialmente, la Unidad Penal Nº 1 fue creada para la contención de no más de 250 presos, lo que seguramente ocurrió hasta las primeras décadas del siglo pasado. Pero según indicaban historiadores, esta realidad cambió pasado los años 50 cuando el penal comenzó a poblarse a ritmo sostenido, hasta casi duplicar su población carcelaria. A lo largo de su historia, sobre todo en el último medio siglo, la UP 1 siempre obtuvo informes negativos en cuanto a la real contención de los detenidos y las expectativas de que estos, puedan salir verdaderamente reformados de allí.

Fue en diciembre de 2017, cuando el Comité contra la Tortura de Corrientes, encabezado por el doctor Ramón Legizamón, elevó, quizás, uno de los documentos más duros, de unas 33 carillas, con un informe lapidario y muy puntual, sobre todas y cada una de las Unidades Carcelarias de la provincia de Corrientes y sobre la necesidad imperiosa de dar un golpe de timón de inmediato en las estructuras del SPP, principalmente en la Unidad Penitenciaria Nº1. Celdas superpobladas, hacinamiento brutal, paredes quebradas y húmedas, ratas y otras alimañas, sanitarios desbordados y una total falta de higiene general.

Mamposterías que se venían abajo a cada rato. Rejas que no contenían a nadie, a lo que se le simulaba el incesante flujo de ingreso de estupefaciente que sólo corrompía aún más las relaciones intramuro. Fue de alguna manera, la punta del ovillo para lo que finalmente se dio en los últimos dos años.
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